El principal inconveniente que se me viene a la mente es que, si a las palabras se las lleva el viento, no sería una vivienda muy segura. Sin embargo, el tema va más allá y se genera una contradicción: Si al principio fue el verbo, y si este tiene una verdadera capacidad creadora, podría suceder que una casa hecha de libros, con algunos títulos que hablen de seguridad habitacional, o con una versión de los tres chanchitos en la que ninguna de las casas sea vulnerable al lobo, pueda resultar una casa reforzada, más segura.
Otra controversia se me presenta, y me asusta: Este tipo de casas no serían habitadas por ningún autoproclamado inteligente que considere una ofensa no ser reconocido como tal, porque a buen entendedor, pocas palabras. Yo no tendría inconveniente alguno de habitar un palabrerío, de hecho no le encuentro ninguna diferencia con este antibudismo constante que vibra mientras no escribo...
O en realidad si... el tema de la trascendencia y la iluminación me preocupan: estoy convencido de la milenaria sabiduría que nos dice que hay que trascender la conceptualidad y las palabras para alcanzar el conocimiento, entonces ¿cómo podría un alma morar en el conocimiento a-verbal, si torra en una estructura de palabras y es protegido por ella?
Por otro lado, y esto es fundamental, si se repitiese la historia y tomara el poder institucional alguien que quiera quemar libros, el problema sería obvio.
...pero entonces ¿qué beneficio traería una o varias casas de este tipo?
Supongamos que estas paradojas fueran trascendidas en un acto de desapego práctico, entonces sucedería que libros obsoletos, arboles muertos, volverían a ser útiles despues de una vida desgraciada. Todos esos titulos que no sirvieron mas que para la esclavización, dejarían de ser celdas para pasar a ser habitables estructuras, con puertas abiertas y para toda la familia. Se me ocurre que sería una manera de reestablecer el equilibrio.
El Orígen de las Especies y sus kratocéntricos conceptos descubrirían una utilidad altruísta. La Riqueza de las Naciones, no revertiría la pobreza que de él se desprendió, pero pagaria con labor social eterna. La Interpretación de los Sueños serviría de techo (solo aquellas ediciones con lindas ilustraciones) para la habitación de los niños y quizás pudiera devolver la armonía onírica. Con los informes elitistas de la ONU se podrían construir baños donde quepa toda la mierda del pueblo; con los libros de mecidina recomendados por la OMS se podrían fabricar las paredes de las salitas de cuidados amorosos donde se practique cualquier cosa menos los conceptos enfermantes de sus paredes.
Pienso que sería como un alma que reencarna, que no puede revertir el daño causado pero que puede, esta vez, construir moradas blancas.
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